Nació en Tlaltizapán, sin que exista algún dato preciso sobre la fecha. Se casó con el coronel de brigada José María Rivera y juntos se incorporaron a la lucha insurgente bajo las órdenes de José María Morelos y Pavón y posteriormente, se alistaron y pelearon al mando de Nicolás Bravo. En febrero de 1821, ya con el grado de coronel José María Rivera perdió la vida en una batalla contra las tropas realistas del coronel Francisco Antonio Berdejo, suscitada en la Cueva del Diablo en Chichihualco, en el hoy estado de Guerrero, dejando viuda a María Fermina que no claudicó en el afán de ver compensados sus sacrificios, sufrió hambres terribles, recorrió caminos ásperos, y padeció climas duros por las vicisitudes de la guerra y continuó en la lucha armada bajo las órdenes del general Vicente Guerrero. Sobrevivió a la consumación de la Independencia, encontrándose elementos de su participación en su comunidad de origen debido a la existencia de un exvoto con fecha de enero de 1823 que ella mandó pintar para dedicarlo a la imagen de Cristo residente en ese lugar, con la advocación del Padre Jesús; mismo al que agradece la recuperación del cabo Esteban Chavarría que salió herido de un combate en el cerro de Almoloya, en el hoy estado de Guerrero. De igual manera, se sabe que a través de algunos periódicos fechados entre 1850 y 1859, aparece su nombre como beneficiaria para recibir una pensión de $16.00 pesos mensuales. De acuerdo con la Ley del 27 de abril de 1850. Misma que decretaba que los descendientes de algún personaje que haya muerto en la guerra de Independencia o en la guerra de Intervención, podrían tener derecho a recibir dicha ayuda. Sin embargo, su nombre deja de aparecer a partir de 1860, lo que hace pensar que en esas fechas falleció sin saber exactamente qué día ocurrió.