Paula Batalla Sandoval nació el 30 de mayo de 1904 en Atlacholoaya, municipio de Xochitepec, Morelos. Hija de Toribio Batalla y Feliciana Sandoval, creció en un entorno rural marcado por las profundas transformaciones sociales de su tiempo. Fue una mujer de carácter sencillo e inteligencia aguda, cualidades que la llevaron a involucrarse de manera decidida en la vida política y comunitaria de su pueblo. Su compromiso social estuvo siempre ligado a la defensa de la gente que la rodeaba y a la búsqueda de justicia para los sectores más desfavorecidos.
Como luchadora social, el testimonio de doña Paula nos abre una ventana a las realidades del siglo XX y, como bien señala Raquel Gutiérrez, a los horizontes de lucha y esperanza que surgieron en ese periodo. Su vida demuestra cómo la revolución no fue solo un acontecimiento bélico, sino también una manera de reproducir y proteger la vida misma. Tal como ocurrió con las y los jaramillistas, su legado debe recordarse con cariño, pero también como una experiencia profundamente humana: un ejemplo de resistencia y de esperanza frente a las adversidades de un sistema que parecía inquebrantable, pero que siempre estuvo destinado a transformarse.